Texto de Almudena Grandes para el homenaje a las presas políticas de la dictadura que se celebró el pasado 12 de octrure en Segovia.

 

 “¿Ha llegado la hora de hacer mi testamento? Dejo a las mujeres de España mi entusiasmo por la vida. Nada más. Es lo único que tengo.”

 Estas palabras de María Teresa León explican por sí solas la razón de este homenaje a las mujeres represaliadas y encarceladas durante los largos años de la dictadura franquista.

Porque nada es tan admirable como aquel entusiasmo, tanto valor, tanta fe, la determinación feroz a vivir, y a luchar por la vida, de la mejor generación de mujeres españolas. No eran niñas, no eran tontas, no eran débiles ni estaban locas. Eran más maduras, más listas, más fuertes que nosotras. Más modernas también. Ellas fueron la vanguardia dorada del sueño republicano, las que más ganaron cuando este país se ganó a sí mismo en el horizonte de un futuro que tardó casi medio siglo en llegar. Fueron también las que más perdieron en la interminable travesía de los años sucios, secos, polvorientos y crueles, un tiempo de hierro que no logró sin embargo acabar con ellas, con su fuerza, con su esperanza. Desde la distancia a la que las contemplo, su vida, su ejemplo, me estremece como ninguna otra. Por eso no puedo compadecerlas, sólo admirarlas. Asombrarme de su generosidad, de su fortaleza, de su alegría, y sentirme emocionada, privilegiada, y orgullosa de estar en la otra punta del camino, de poder heredar su entusiasmo por la vida.

 Mujeres de las ciudades y de los pueblos, de las celdas y de las colas en las puertas de las cárceles, de la guerrilla y de las redes de apoyo, militantes clandestinas de los años 40, de los años 50, de los años 60, de los años 70, presas de Ventas, de Alcalá de Henares, de Yeserías, de Ocaña, de Saturrarán, de Málaga, de Corts... Y por supuesto, también de Segovia. Miro con  atención sus viejas fotos, y me estremecen sus sonrisas. Porque todas, siempre, sonreían a la cámara, y sabían por qué. Lo hacían para mí, para nosotros, los españoles que vendríamos después. Nosotros somos los herederos, las herederas de esas sonrisas plenas y conscientes, sabias y rotundas, un tesoro de labios entreabiertos, armados contra la adversidad.